No recuerdo cuando fue la primera vez que me fijé en él pero seguro que ya llevaba bastante tiempo a mi lado. Me miró tiernamente, yo, confusa, por fin me expliqué esos mordiscos en el bajo de mis pantalones. Desde entonces siempre le compro alpiste y así no ataca mi ropa.
No suele separarse de mi lado, a veces es una lata, a veces desearía estar sola, pero sólo a veces, y eso que, generalmente nos llevamos la contraría, cuando yo estoy triste, él brinca alegre, sin embargo, cuando estoy contenta, el está profundamente deprimido y al final, lo que ocurre, es que me sume en su pena. Esto pasa según las estaciones, cuando hace calor solemos coincidir, y eso es genial, porque los dos vagamos en armonía…